lunes, 11 de mayo de 2009

Los Cohetes encienden la serie.


En el momento más inesperado, los Rockets dieron un repaso a los Lakers y empataron una eliminatoria que parecía finiquitada. La baja de Yao Ming, el factor campo recuperado y una superioridad en talento y efectivos por parte del equipo de Phil Jackson no tuvieron la más mínima influencia, sino más bien lo contrario. Ante un conjunto tocado por el marcador y las lesiones, se podría prever un golpe en la mesa expeditivo, un mensaje inequívoco de que sin el gigante chino la serie se había terminado el pasado viernes. Nada de esto ocurrió, sino más bien lo opuesto. La resistencia a la adversidad de los Rockets pudo mucho más que la supuesta intención de los Lakers para no gastar más energía de la necesaria. Supuesta porque el partido del cuadro angelino fue infame del principio al final, hasta el extremo de llevarse una auténtica paliza, impropia de un equipo que aspira a conquistar el anillo que distingue al campeón.Hay que reconocer que lo de Houston tiene mucho mérito. Perdieron hace meses a McGrady, el choque ante Portland finiquitó la carrera de Mutombo y en el tercer partido de este duelo Yao Ming dijo adiós a la temporada. Suficientes excusas para tirar la toalla. Pero nada más lejos de lo que se vio en esta cuarta cita. La ausencia de Yao obligaba a sus compañeros a dar un paso al frente, sobre todo en las tareas ofensivas, y Battier, antiguo compañero de Pau Gasol en Memphis, fue el que mejor lo entendió. Normalmente dedicado a tareas defensivas, en esta eliminatoria centradas en perseguir a Bryant y ponerle la mano en la cara cada vez que lanza, sacó a relucir una serie de tiros triples que martillearon la blandísima defensa rival. Entre su acierto y la frenética actividad de Brooks, una especie de jugador látigo, eléctrico en sus movimientos y que sembró el terror durante todo el partido, Houston se paseó sin encontrar en ningún momento una respuesta coherente por parte de los hombres de Jackson. Las ventajas de los Rockets fueron enormes desde casi el inicio: 9-0 para comenzar, 26-9 en el minuto 9, 54-36 en el descanso, 83-54 al final del tercer cuarto. Vamos, que no hubo partido. Increíble.

Pese a los 30 puntos y nueve rebotes de Gasol, la serie vuelve empatada a Los Ángeles con los Lakers alimentando con su irregular comportamiento un sinfín de dudas. Por su rendimiento, absolutamente ciclotímico, las diferentes actitudes que muestran depende del día que les toque o cómo vaya el marcador y también por la comparación con el paseo militar que se están pegando LeBron James y sus Cavaliers en el Este.

Los problemas abarcan todas las áreas del juego y a casi todos los jugadores. Fisher no dirige, Farmar no madura; Bynum, el deseado, es una sombra de lo que se esperaba de él; el banquillo, en general, no aporta ni lo imprescindible, y Bryant cae en demasía en un Kobe contra el mundo. Hasta Pau, a pesar de sus buenos números, parece un poco fuera de foco.

Sufrieron más de la cuenta ante Utah a pesar del 4-1 final y con Houston llegarán al menos hasta el sexto partido. Demasiados encuentros y muchas cuestiones sin resolver que les van a obligar a dejar de mirar al futuro y centrarse algo más en el presente. El del quinto y decisivo encuentro de mañana. Al menos, tienen la estadística a su favor. Jugar peor es imposible.

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